Psicología Positiva
- 18 sept 2018
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El nombre empleado de psicología positiva se propuso en un primer momento a pesar de que tenía algunas desventajas ampliamente conocidas. Aún con todo, parecía la mejor opción disponible. De hecho, durante los diferentes congresos celebrados en Washington en ésta década, al final de cada uno de ellos, en un coloquio abierto en el que participaban los asistentes al congreso y las figuras más representativas del movimiento, habitualmente se discutían otras posibilidades, y lamentablemente todas las nuevas propuestas resultaban ser equívocas o tenían aún más desventajas, de fortalezas humanas o cualidades positivas, como la valentía, la sabiduría o el altruismo.
Otras veces, se ha confundido la verdadera naturaleza del movimiento al plantear que niega

o desestima los aspectos negativos del ser humano, o que abandona o minimiza la presencia del sufrimiento. Lo cierto es que lejos de esa acusación, el sufrimiento humano, está dentro de la agenda de la psicología positiva y nunca dejó de estarlo. Algunos ejemplos lo constituyen áreas como el afrontamiento adaptativo al trauma, la resiliencia y el crecimiento postraumático, el papel protector de determinados rasgos positivos en la aparición de trastornos físicos y psicológicos (PETERSON, 2006).
Lo cierto es que hasta el momento lo que se observa es que las emociones positivas presentan una gran cantidad de efectos positivos en diversas áreas del funcionamiento psicológico. Entre otros efectos, la investigación ha mostrado que el afecto positivo mejora la capacidad para resolver problemas, aumenta la creatividad, mejora la capacidad para resistir el dolor, aumenta el altruismo, etc. (ver Avia y Vázquez, 1998). Las emociones negativas son tremendamente útiles para la supervivencia y para prevenir otras muchas dinámicas negativas al margen del peligro vital directo, como el rechazo interpersonal, el aislamiento o la pasividad. En este sentido, son también positivas, adaptativas y necesarias. Pero, en general, se puede decir que carecen de ese efecto de potenciación de habilidades diversas que parecen presentar las emociones positivas.
Precisamente, la teoría de la ampliación y construcción plantea que las emociones positivas podrían tener como función principal el desarrollo de habilidades y comportamientos nuevos. Según esta teoría, la función de las emociones positivas es completamente diferente a la de las emociones negativas. Mientras que éstas se centran en el afrontamiento de situaciones específicas negativas dirigiendo la acción de una forma muy específica, las emociones positivas favorecen la flexibilidad, la ampliación de pensamientos, acciones y la construcción de nuevos recursos para el el futuro. Por tanto, las emociones positivas serían también importantes para la supervivencia, pero buscando generar recursos a medio y largo plazo.







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